Nada nuevo bajo el sol 

Nada nuevo bajo el sol y si no lo cree, veamos el porqué de esta afirmación. Si nos remontamos al lejano 1899, Charles H. Duell, jefe de la Oficina de Patentes de los Estados Unidos, propuso "Todo lo que podía inventarse, ya se ha inventado, esta oficina no tiene más razón de permanecer abierta". Y aunque probablemente esto sea un mito, nos sirve para ilustrar el encabezado de esta nota, así como las funciones que realizamos y la funcionalidad. Esto es, si el señor Duell hubiera conocido los conceptos función y funcionalidad, no se habría atrevido a soltar su famosa frase.

 

Si tomamos como ejemplo la función “comunicación”, esta existe desde hace miles de años, lo que ha cambiado a través del tiempo es la funcionalidad ó cómo lo hacemos. Los primeros hombres no disponían más que de su voz para comunicarse, posteriormente utilizaron señales visuales de humo, tambores para enviar mensajes sónicos a través de su entorno. Conforme el hombre fue evolucionando, inventó los dibujos, la escritura, los papiros, los libros, el telégrafo, el teléfono, la radio, la televisión, celular, internet, etc. todos ellos instrumentos que mejoraron la manera de comunicarnos, pero la función básica sigue siendo la misma; comunicación, no importando cómo se haga, y la tendencia siempre debe ser mejorar la etapa anterior.

 

Retomando casos de la antigüedad veamos el comercio, las nuevas plazas comerciales rememoran a los grandes mercados de oriente ó del viejo mundo ó simplemente tianguis para nosotros. Las exposiciones (expos) también tienen su origen en esos mercados antiguos, sin embargo la funcionalidad de una plaza comercial ó de una expo es muy distinta a la de un tianguis, aunque la función es la misma “comprar” y “vender”. Las nuevas tecnologías se adaptan a la función como el caso del comercio electrónico que transfiere todo lo que podemos comprar a una plaza virtual y portales como e-bay.

 

Se dice que en el siglo 19 y anteriores los hombres no contaban con luz artificial en las noches, algo falso ya que en un principio las antorchas, posteriormente las velas y la luz generada por gas cubrieron esta necesidad, para que finalmente Edison nos diera la luz eléctrica. De alguna manera hemos demeritado el ingenio del hombre antiguo para resolver sus problemas de función, sin embargo lo hicieron y muy bien. Pero se ha detenido a pensar ¿cuál será la siguiente generación de producción de luz? ¿Habrán imaginado en el siglo 18 que sólo 100 años después la luz sería producida por electricidad? En el futuro, ¿Podría ser biológicamente generada? ó ¿Con minerales fosforescentes? ó ¿Con materiales foto-almacenadores? Ó ¿alguna otra tecnología que haga ver obsoleta y contaminante a nuestra manera actual de generarla?

 

Cuando hablamos de información y conocimiento, en el mundo antiguo se realizaba con la tradición oral, después vinieron la escritura, los papiros, los libros y hoy todo esto lo tenemos al alcance de un click. Ahora contamos con la información que requerimos, aunque el problema presente es la falta de capacidad para discernir cuál es la correcta. La función de conocer y aprender está en Internet, donde comprime en una sola funcionalidad a la biblioteca (links, wikipedia), la información (buscadores como Google, Bing ó Yahoo), a la televisión (Youtube), música (i-tunes), todo un acervo de datos dónde sólo falta el criterio humano para tomar lo realmente valioso.

 

Como vemos la funcionalidad mejora con el tiempo pero en algunos casos genera una contradicción, como en esta naciente segunda década del siglo en la que tenemos una mejor comunicación pero la esencia del sentimiento no se transmite y estamos provocando generaciones que no saben cómo relacionarse ni cómo comunicarse a pesar de contar con dispositivos que las mantienen conectadas las 24 horas. Las estadísticas sobre suicidios y gente sola aumentan año con año, un índice natural para medir este fenómeno.

 

Viajar, comunicarse, entretenerse, trabajar, y un largo etcétera son funciones que el hombre siempre ha realizado, la diferencia está en el nivel de innovación que se aplique a la funcionalidad para mejorar la función.

La capacidad de predecir cuál será la siguiente ola que impacte a nuestro negocio nos permite adelantarnos a la competencia, siempre y cuando generemos un valor agregado a la función que ejercemos.

 

Replanteando la función (qué se hace) contra la funcionalidad (cómo se hace) es que han surgido grandes inventos que nos han llevado al grado de tecnificación del que actualmente gozamos.

 

En nuestras empresas, negocios, vida personal también podemos aplicar estos conceptos y vivir la experiencia de cómo hacer lo mismo pero de diferente forma, lo que nos abre la oportunidad de vivir creando nuevos mercados.